19 octubre 2026

... y después, después...

Una de las tantas cosas bonitas de envejecer es el tener la posibilidad de ver girar los acontecimientos una y otra vez, para bien y para mal. La vida, la música, las relaciones y un largo etcétera comienzan a percibirse formalmente como ciclos, con su recurrencia y también con su novedad. Y cada ciclo, por repetición o por hartazgo, comienza a tener connotaciones diferentes, se resignifica, como el "dasselbe ist nicht dasselbe" de Nicolaus A. Huber.

Lo análogo fue, en un primer momento, tecnología de punta, luego se volvió algo nostálgico (un colega hace unas décadas me dijo: "te agarró el viejazo, yo al low-tech le escapo"), luego se resignificó como acto de resistencia; después de un tiempo volvió a ser algo nuevo y después, después, ... qué importa ya el después...

Seguimos siempre enfrentados al asombro, por lo general, de lo mismo.