Estoy pensando en algunos procesos en relación con la energía para un par de obras nuevas que estoy escribiendo, y relaciono esos procesos de la energía física del sonido con la energía vital en un aspecto más inmediato. Hay, en lo cotidiano, sin ponerme muy existencialista, procesos, gente, situaciones, cosas que dan energía y otras que la consumen. En ambos casos, para bien, para mal y para una amplia gama de grados intermedios, la energía no es ilimitada.
Cada vez más, me pasa que los conceptos de mis obras se traducen de forma casi literal en mi cotidiano. Escribo un prefacio para una obra y siento que estoy hablando con una amiga de una situación concreta, íntima. También encuentro una correspondencia entre estos enunciados, bastante abstractos, y la práctica cotidiana del yoga. Relaciono la verdad del cuerpo, «el cuerpo no miente», con poner una obra en escena. Está todo ahí, siempre ahí. Si lo miro a través de los ojos de los otros, parece un camino enmarañado, una correspondencia muy transversal entre lo abstracto y lo concreto. Pero desde adentro se siente una misma cosa.
Aquí, las notas de programa para mi nueva obra para percusión sola: En el centro del vacío hay una fiesta, basada en un poema de Roberto Juarroz.
Esta obra trabaja con distintos niveles de presencia; diferentes estratos se manifiestan a lo largo del tiempo, apareciendo y desapareciendo en un juego de superficies. La pieza sugiere que todo está sonando a la vez, con algunas capas más activas, otras más veladas y otras que esperan. En un juego de energías, los acontecimientos se van revelando y escondiendo. Un evento oculto puede ser percibido simplemente porque los sonidos que lo cubren pierden energía.
Los sonidos son energía: el impulso inicial que los trae al mundo se disipa paulatinamente, hasta llegar al reposo. En el contexto de esta obra, el silencio es también tensión y espera: otra manera de manifestación de la energía.
Lo oculto encuentra una manifestación extrema en el susurro mental: un texto recitado solamente en la mente es dicho a través del golpeteo de los dedos sobre la membrana de un parche, sin palabras, pero con sentido y expresión.La obra, en un estrato subyacente pero primario, dialoga con un poema de Roberto Juarroz, que habla sobre el vacío y la presencia, en forma de capas imbricadas, donde la nada y las fiestas se incluyen sucesivamente.









